Jamás se preguntó lo que realmente le gustaba; lo importante era gustar a los demás. Su amor propio se lo regaló a los amores ajenos.
-Pensar complica la vida; mejor que otros lo hagan por mí.
Nadie la enseñó a pensar. Nació y creció entre "esto se hace/esto no se hace", entre maestros que la felicitaban o reprobaban por su capacidad de memorizar lecciones; entre revistas y canales del corazón de otros.
Su adolescencia fue domada con reglas, protocolos, leyes y costumbres heredadas. Respiraba, comía y dormía por sí misma, porque era lo único que no podía delegar. Pero lo que la hubiera convertido en un sublime ser humano, su inmensa capacidad de pensar por sí misma, la delegó y marchitó entre voluntades ajenas.
Pasados los años, descubrió que no se gustaba, porque no era de ella, era de los demás.
La semana pasada me preguntó cómo podía empezar a construirse a sí misma.
-¿Y cómo se consigue?
-Observándote, sintiéndote. En silencio profundo, dedica cada día 10 minutos a penetrar en tu mente hasta convertirte a la vez en defensora, fiscal y juez de ti misma. Sólo cuando seas capaz de alcanzar la imparcialidad absoluta, podrás potenciar tus fortalezas y corregir tus debilidades. Entonces tu vida será realmente tuya, no de los demás.

