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¿TE GUSTAS?

Lo más importante era agradar a los demás. ¿Cómo quieres que me vista hoy? Mejor que tú elijas dónde iremos el fin de semana. ¿Qué película? La que tú prefieras. ¿Restaurante japonés o italiano? El que más te guste. ¿Mar o montaña? Me es igual. Decide tú.

Jamás se preguntó lo que realmente le gustaba; lo importante era gustar a los demás. Su amor propio se lo regaló a los amores ajenos.

-Pensar complica la vida; mejor que otros lo hagan por mí.

Nadie la enseñó a pensar. Nació y creció entre "esto se hace/esto no se hace", entre maestros que la felicitaban o reprobaban por su capacidad de memorizar lecciones; entre revistas y canales del corazón de otros.

Su adolescencia fue domada con reglas, protocolos, leyes y costumbres heredadas. Respiraba, comía y dormía por sí misma, porque era lo único que no podía delegar. Pero lo que la hubiera convertido en un sublime ser humano, su inmensa capacidad de pensar por sí misma, la delegó y marchitó entre voluntades ajenas.

Pasados los años, descubrió que no se gustaba, porque no era de ella, era de los demás.
La semana pasada me preguntó cómo podía empezar a construirse a sí misma.
 
-Siendo, no dependiendo.

-¿Y cómo se consigue?

-Observándote, sintiéndote. En silencio profundo, dedica cada día 10 minutos a penetrar en tu mente hasta convertirte a la vez en defensora, fiscal y juez de ti misma. Sólo cuando seas capaz de alcanzar la imparcialidad absoluta, podrás potenciar tus fortalezas y corregir tus debilidades. Entonces tu vida será realmente tuya, no de los demás.

EL TIEMPO.

Nuestra vida se mueve por y con el tiempo. ¿Cuántas veces hemos dicho que si tuviéramos tiempo haríamos esta u otra cosa? ¿Que aquello que tanto deseamos vivir, no lo hicimos porque no teníamos tiempo? El tiempo ha sido la gran disculpa a lo que no hicimos.

Es verdad que el tiempo que se va no vuelve y que lo que no vivimos se quedó sin vivirse. Todos tenemos temas pendientes que se diluyeron con los años, con ese regusto a tiempo perdido. Pero existe el futuro y ese, maravillosamente, está por hacerse. Nuestro compromiso con la vida y con nosotros es cumplir nuestros objetivos. Sabernos plenos, convencidos de haber sido fieles a nuestras convicciones. Culminar nuestro paso por la vida, consiguiendo lo que anhelamos. Llegar a afirmar que hemos vivido y no vegetado.

Es verdad que existe el tiempo. Ese tic, tac inexorable que nos marca y se escurre en nuestros dedos como un puñado de arena. Pero también es cierto que tenemos que pactar con él y con nosotros, porque puede ser nuestro gran aliado. Lo único que tenemos que hacer es entenderlo y entendernos. Crear una sociedad indisoluble. Fluir con él, como si de un río se tratase. Comprender que hay un tiempo para cantar y otro para callar. Un tiempo para sembrar y otro para recoger. Un tiempo para equivocarse, y otro para rectificar.

Steve Jobs dijo de la muerte que era "la más bella creación de la vida". Y también, que cada día que se miraba al espejo se decía: "¿Si éste fuera tu último día, harías lo que vas a hacer?"

Sólo nos queda un tiempo: el que viene. ¡Ánimo!

HAY COSAS QUE NO SABEMOS.

No sé", es una afirmación que muchas veces cuesta de decir. Y tenemos que reconocer, aunque nos cueste y ello nos haga más humanos, que existen muchas cosas que desconocemos. Pero, en esto que se llama vida, lo de no saber está mal visto y descataloga. Por eso proliferan libros con títulos como: Trucos para parecer inteligente etc, etc... Porque en esta sociedad cada vez más líquida, muchas veces, el parecer vale más que el ser.

¡No sabemos de tantas cosas! Hechos y comportamientos de la vida y nuestros congéneres. A pesar de que nos gastemos la vida tratando de aprender, acumulando títulos; leyendo, experimentando, errando y acertando, la realidad cae rotunda: hay cosas que no sabemos.

De todos los "no saberes", hay uno que no tiene nada que ver con la erudición y sin embargo es primordial para sobrevivir: entender los comportamientos humanos. Cuando te enfrentas a la caja negra de un semejante y ves que reacciona de una manera que a ti te supera; que tu ética y tu sentido de lo justo no comprenden, las palabras se te quedan cortas. Ningún estudio te ha servido.

Frente a la injusticia, la insensibilidad, el egoísmo, el maltrato y lo abominable, ya pueden existir volúmenes de psiquiatría que traten de justificarlo, llega un momento en que tienes que reconocer que eres un ignorante. Porque en el fondo te gustaría entender, por ejemplo, por qué un novio mata a su novia por amor, o un padre secuestra a sus hijos o los desaparece, o un ilustre se queda con dineros que no son suyos, o un político miente...

A veces, en la vida, más vale no saber.

TEMPERATURA AMBIENTAL VS. SENSACIÓN TÉRMICA.

Una cosa es la temperatura ambiente y otra, la sensación térmica que percibimos en nuestro cuerpo. Y no siempre coinciden.

Ahora, con independencia del nivel que marcan los termómetros, nuestro país vive la permanente sensación térmica de un frío mucho más determinante que el físico: me refiero al frío cerebral. El desánimo, la incertidumbre, la ausencia de confianza e inquietud, son vientos muy gélidos para un formidable México que todo lo bueno que hoy hace (porque cosas muy buenas se siguen haciendo), lo consigue gracias al calor de su pasión, su tesón y su inmenso talento.

La sensación térmica del país, cada uno la decide con su termostato personal con el que gradúa su momento y circunstancia; es ésta, y no otra, la temperatura que transmite a los demás. Así y sólo así se generan los climas del ánimo colectivo.

Es por eso que me atrevo a proponer el nuevo Día del Optimismo. Una jornada donde sólo se difundan y emitan noticias positivas; donde en escuelas y lugares de trabajo triunfe el ánimo, la cordialidad y el humor: el orgullo de ser y pertenecer. Donde tomemos conciencia colectiva de lo buenísimo y oxigenante que es saber celebrar, reír e ilusionarse consigo mismo y con todos.

Sé que algunos descarnados de alma dirán que para eso ya está el Día de los Inocentes. Una vez más, se equivocan: el optimismo es el primer impulso del desarrollo y el último reducto de la supervivencia.

NADIE ES PERFECTO.

Quién cuando se está dando a conocer a alguien que le interesa no ha desplegado un extenso y atractivo plumaje que muestra lo mejor de sí. Simpatía, inteligencia, educación, sensatez, sensibilidad, ilustración, comprensión, sonrisas, miradas y gestos a la altura de las circunstancias. Todos los atributos que demuestren que vales y eres fantástico. Cuestión de marketing.
 
El aparador que llama la atención es la habilidad de enseñar en poco tiempo –a veces va de minutos o segundos lo que ofreces. Si el asunto va por buen camino, del primer contacto pasas a la repetición, pero ampliada. Más miradas, más historias por contar, más gustos y afinidades por descubrir, más confidencias y complementos. Y si sigue funcionando, se pasará a un nuevo estado que requiere dedicación y convencimiento: el peligroso estado de LA CONFIANZA.

La confianza, como su nombre lo indica, es un arma de doble filo: con, que quiere decir acompañado, y fianza, que quiere decir asegurar. En estos momentos de tanta incertidumbre, toca pedir que no nos traten de convencer. Que los que, por descarte, tengan más probabilidades de llegar al poder, no carguen sus buches vendiéndonos películas que ni la 20th Century Fox se atrevería a producir. Que sean honestos y nos hablen de lo que pueden conseguir y lo que no. Que nos muestren primero sus debilidades antes que sus fortalezas. Que nos digan que no es fácil llegar a buen puerto, pero que remando con fuerza todo puede ser. Que se dejen de seducciones efímeras y opten por compromiso a largo plazo. Los ciudadanos no somos tontos.

NO ES MÁS RICO EL QUE MÁS TIENE.

Nadie le preguntó si quería estar. Sencillamente, un día desembarcó en este mundo. Abrió los ojos, recibió su primera nalgada, lanzó su primer grito, derramó su primer llanto y se vió invadido por decenas de ojos que le miraban. Llegaba desnudo, sólo con su humanidad bajo el brazo y su condición de ser.

Luego vino el tiempo de aprender lo bueno y lo malo. El tiempo de recibir y observar; de admirar al grande y despreciar al ínfimo. El tiempo de prepararse y... desear: el triciclo más bonito, la muñeca más atractiva, la megacolección de coches, el patín del diablo no va más -para presumir piruetas delante de los amigos-, la computadora más moderna, la Play Station más remás, el celular más megamax, y etc., etc., etc... Porque entendió, de ver y oír lo que la ley de la selva imponía, que cuanto más conseguía tener, más lograba ser.

Las grandes potencias mundiales vendieron el sobredeseo, una loca espiral paradigma de fuerza y poder. Y los que más tenían, más quisieron tener.

Ahora, los países más pobres siguen tratando de paliar inhumanas hambrunas, al tiempo que los más ricos, en crisis, vierten manzanas imperfectas a la basura.

Mientras algunos países todavía desean emular a los más avanzados, el mundo de los grandes se está viendo en zapatos apretados para desandar lo equivocado.

Ha llegado el momento de valorar la esencia. Se acabó el despilfarro. Quien aprenda a vivir con menos, será el nuevo rico.
 
Hoy más que nunca, como dijo San Agustín, "no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".

NUNCA ESTARÁS SOLO.

Iba tan acelerada por conocer a otros que se le olvidó conocerse a símisma. Estaba tan seguro de que su triunfo consistía en agradar a los demás que se le olvidó agradarse a sí mismo. A ambos les pasó lo único que siempre cumple y siempre pasa: el tiempo.

Muchos vacíos de vida se producen por error de entrega de vida. Nos regalamos sin construirnos ni valorarnos. Buscamos amores ajenos y olvidamos el amor propio.

Aquellas reinas de noches de sofá y cama, aquellos vampiros chupadores de espejismos de luna menguante, todos sin excepción se fueron desvaneciendo entre rutinas de calendarios sin historia hasta que un día, de repente los envolvió el gran nubarrón del alma, que es ese momento en que mirándote al espejo no te ves. Se desaparecieron de sí mismos porque su yo, a cambio de nada se lo habían dado a otros.

De vez en cuando hay que sustituir paisaje por espejo y mirarse en silencio para reconocerse, que es ese profundo volver a conocerse. Aprender a hablar con uno mismo, reflejarse en el propio cerebro, abrirse en poro y piel, penetrarse en dulce y hiel. Saber verse, husmearse, criticarse y quererse. Hablarse…hacerse preguntas y preguntarse… parirse respuestas y responderse.

No te equivoques: a no ser que ya te hayas definitivamente vendido en la gran feria de los abolorios humanos, nunca estarás sólo. Al final, siempre quedarás tú para encontrarte contigo.

TENER LA RAZÓN.

Los observo. Entran en la cafetería y piden dos cafés. Ella viste impecable silencio, traje de chaqueta y rostro sereno. Él, traje gris, maletín ejecutivo y ceño multifruncido. Habla sin parar mientras la mujer trata sin éxito de interrumpirle. Hasta que... las mejillas de ella se ponen coloradas, los ojos se desorbitan y una mano tropieza con el café que termina salpicando su falda. La discusión versa sobre cómo convencer al otro de su punto de vista sobre una situación. La escena se calienta. Las verdades "absolutas" desfilan por sus bocas. ¿Quién tiene la razón?

Ayyy!!! La razón. Ese oscuro objeto de deseo -rígido como el hierro e intangible como el aire-, que todos queremos poseer, ¡cuánta infelicidad y desazón puede llegar a producir!

La razón es la piedra sobre la que muchos seres humanos edifican su valía. ¡Grave error! Ligada al triunfo, a la inteligencia y a la habilidad - entre otros muchos sustanciosos sustantivos-, la razón, la maldita y obstinada razón, ha desencadenado desde espeluznantes guerras y holocaustos, hasta separaciones, enfermedades y muchos otros dolorosos etcéteras. Sin embargo, todos quieren tenerla. ¿Por qué? Quizá por su tufillo a poder. A ese irresistible halo de engañoso bienestar que provoca el sentirse superior a otro. Pero no nos equivoquemos; es una trampa mortal que nos aleja de conocer otras realidades tan o más "razonables" que la nuestra. ¿Vale la pena pelearse tanto por tener la razón?
 
Entre razón o paz, me quedo con la última. ¿Y ustedes?

VISTA SATELITAL DE YURÉCUARO

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